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Adaptador externo de bajo costo para instalar cualquier SSD M.2 —ya sea NVMe (PCIe) o SATA (NGFF)— como disco portátil mediante USB-C. Pensado para usuarios que quieren reutilizar un SSD M.2 de repuesto, hacer copias de seguridad o transferir archivos entre equipos sin abrir el PC.
Opera a USB 3.0 de 5 Gbps, lo que impone un techo real de aproximadamente 450–500 MB/s independientemente del SSD instalado: suficiente para SATA M.2 (cuyo límite es ~550 MB/s de todas formas), pero limita notablemente los NVMe rápidos que en ranura PCIe lograrían 3.000–7.000 MB/s. La carcasa detecta automáticamente el protocolo del SSD al conectarlo, sin configuración manual.
El chasis es de plástico transparente tipo manga, compacto y liviano, con puntos de montaje internos para cuatro tamaños estándar de M.2. El conector hacia el PC es USB-C y el producto incluye el cable correspondiente según el listado. Apta para SSD con clave M (NVMe) y clave B+M (SATA).
Ideal para quien necesita acceder ocasionalmente a un SSD M.2 de repuesto o hacer backups sin importar el protocolo. No recomendado como solución de almacenamiento principal ni para transferencias masivas continuas donde los 5 Gbps serían el cuello de botella.
